...Ya no se ve el cielo ni los bosques ni los pájaros. Nieva
mucho menos. El viento se calma de a poco. La cámara sigue acercándose hasta detenerse frente al rostro del hombre, que tiene los ojos cerrados. Otro relámpago. Saca una mano del bolsillo y se quita la bufanda, la tira al suelo. Por momentos el pelo le cubre la cara, pero puede verse claramente que está masticando. Hay algo en su boca, agitándose. Los ojos siempre cerrados, apretando los párpados. De repente, el vómito, el remolino blanco. La paloma de nieve es escupida y sube hasta unirse a los pájaros negros. El hombre abre los ojos. Está riendo lágrimas. O las lágrimas no son más que nieve y lluvia, eso ya
no importa porque ahora mira hacia abajo y comienza a caminar saliéndose del plano. La cámara no lo sigue y en cambio se aleja, veloz, las huellas en la nieve son cada vez más pequeñas y todo es vértigo, todo es el cielo y los pájaros acercándose, volvién-
dose enormes, chocando con la lente de la cámara, que también
mueve las alas.
Dos chasquidos.
...