de proscenio, precipicio

llega sólo cuando la anciana
yace en el suelo de su baño, con la cadera
a dos metros de sí. La esquina sigue
afuera, me dijeron; la esquina se amontona: un lugar.
Y mientras tanto
la vieja acostada, sin flores
y Prévert haciéndole el amor frente a azulejos con hongos
y moho