Eduardo vuelve de una pasantía en Canadá y pasa unos días en la casa de su amigo. No está cómodo, pero tampoco todavía tiene decidido qué hacer. Luego de algunas discusiones decide irse a dormir a la biblioteca del Congreso. Allí estará un tiempo, en compañía de un periodista, hasta que conoce a Anamaría. Ciertos detalles nos hacen pensar que con ella aparecerá una salida adversa para sus dilemas porque el problema que persigue a Eduardo es la falta de “contacto”. A pesar de que a todos les parezca un hombre enigmático, aturdido, si buscamos en la tranquilidad de sus silencios encontraremos la insistencia y persistencia de un sentimiento trágico y atroz.