Sigo pensando que la radical autonomía de la síntesis de la libertad no puede fundarse sólo en el deseo; ni una práctica autónoma tiene por qué ser esencialmente política. Puede
ser que el lugar de lo político siga siendo por mucho tiempo
el lugar de la alienación. La subjetividad del agitador no puede
ser constituyente de una subjetividad ampliada cuando ya pasaron tanto el siglo de las revoluciones como el siglo de
las utopías invertidas. La subjetividad sólo puede constituirse
a partir de una posición dialéctica enfrentando y produciendo objetos. El concepto de dialéctica que aquí rescato que es el
de una dialéctica de la libertad, no es el de una dialéctica dogmática, sino el de una dialéctica crítica. Después del
derrumbe de Europa; después del stalinismo y del nazismo;
después de las formas fetichizadas del marxismo contemporáneo; después de las ilusiones estatistas y después de la furia de la mística, sólo la construcción de categorías críticas puede dar concepto a una relación libre del sujeto con la sociedad.