Si lo consideramos como integrador de lo propio y la otredad
y no solamente como una naturaleza particular, el carácter
podría ser la clave de cierto determinismo existencial.
En cada individuo, en cada todo, hay una suerte de materialismo histórico propio, un eje en virtud del cual se lee el desarrollo
de cada existencia de modo que todo lo "azaroso" se convierte
en determinado, en necesario, aquel hecho en función del cual
se vertebran y se comprenden nuestras vidas. Tal vez ese hecho no es mas que el resultado del conflicto entre racionalidad
y deseo, y cada hombre, cada sangre, cada alma es apenas
un matiz, un carácter: el que en ese conflicto se determina.
Pueden convivir racionalidad y deseo?
Definitivamente no e inexorablemente sí. Si luchan, luchan siempre. El hombre es dos hombres. La realidad es dual.
Ninguno de los dos sobrevive íntegramente. El carácter patentiza esa lucha. La lucha que se forja en el conflicto y por el conflicto. La manera en que ambos se vinculan decide nuestro destino. Entonces para qué luchamos. Buscamos la libertad o el reconocimiento terrenal?. La libertad es terrenal?
El reconocimiento es terrenal?
Si el conflicto entre ambas naturalezas es lo propio de lo humano debemos nuestra condición a una guerra cotidiana.
Instinto y razón sueñan y comen juntos, temen y ayunan juntos.
Los intentos de serenarlos y hasta las paces perpetuas son necesariamente breves. El arte en general, la literatura en particular, captura esa latencia pero fabrica, produce, dirige su tarea hacia adelante, la resigna, la suspende. De alguna manera se desentiende. Quizás porque no está movida por una búsqueda descifratoria sino mas bien por la desazón que provoca la infinita e inefable complejidad de la realidad.