"Su paso es largo y desgarbado, va caminando y pareciera como que si algo lo empujara. De discreta encorvada, una mano en el bolsillo de un viejo saco y la otra colgando siempre pesada contra la pierna. Sus pasos son rápidos, pero su marcha dubitativa: para, gira, vuelve, cruza la calle; todo en el viejo es dudoso, sus ojos hundidos en la cara lo son, clavados en la nada que empieza y termina en la punta de su nariz. Recorre un tramo de avenida Las Heras, desde el hospital Rivadavia hasta la calle Junín. Seis cuadras, ir y venir. Busca monedas en los teléfonos públicos. Va y vuelve sobre los mismos y cada tanto encuentra alguna. Se las lleva en el bolsillo mientras ya amanece,  apretadas en la mano, en alguna parada camino a su casa.  
Vi lo que hace después con las monedas. Se ha despertado y ha puesto una olla con agua en el fuego. Las hierve y prepara un caldo de níquel. Agrega unas papas y hace una crema. Sopa. Con un buche de agua fría se mete las monedas en la boca, las chupa y las escupe en el plato. Una vez que se entibia  toma el plato, lo inclina en su boca y sorbe hasta el último resto. Se traga las monedas."