"Albergaba en mi interior un sentimiento parecido a un autoexilio de la especie humana. Con una sola particularidad: añoraba la fe perdida. El empeño puesto en recuperarme se resquebrajaba cómplice de mi lasitud y displicencia. En un espacio y tiempo inmemorial había extraviado mi creencia religiosa. Quizá, la única ilusión posible para poder salvarme. Sabía que no me sentía una bóveda por el abandono de Ernesto."