"La negra bóveda se condensa alrededor del globo. ¡Mirá la luz de los relámpagos! Truenos sacuden las profundidades del cielo. Todo se ve tan diminuto desde arriba... Volamos por encima de una asustada bandada de pájaros... ¡epa!... esto se balancea al soplo del viento de la tormenta...
Un viento que se torna violento e irregular como bien has dicho. Tendremos que ir disminuyendo el peso del aerostato.
Noto que estamos sobrevolando una magnífica comarca, donde los árboles alcanzan dimensiones colosales. A 2.500 pies sobre el nivel del mar, las nubes negras caben en la palma de mi mano.¿Aquel resplandor inmenso en el horizonte, puede ser de una aurora boreal?
No Agnès, es un volcán en actividad donde a cada lado se erigen, formando profundos descensos, enormes rocas calcáreas, rugosas, resquebrajadas, estériles, en plena descomposición; se funden con el fuego de la lava.
Diantre. Vaya teatro de desolación el que pintás.
Sólo un poco más, vayamos más arriba para buscar una corriente que nos aleje de este vapor abrasador y envolvente. Es un horno. Desviemos nuestra vista hacia la izquierda. Los ramilletes verdes son los infranqueables bosques donde incursionó el desaparecido misionero anglicano, Mark Justin. Que en paz descanse...
Pensar que allí abajo se refugian tigres, temidos y voraces depredadores. Es una zona en verdad peligrosamente infectada de alimañas. También se vislumbra un hormiguero de cabezas negras, allí, en el otro extremo.
Caníbales... y temo que nos han visto. Sus cientos de manos apuntan hacia el cielo. ¿Escuchás sus gritos a pulmón batiente?... Son sus cánticos sacrílegos. Cocinan a sus rivales a fuego lento. Es un asco. Apenas puedo soportar el olor a carne cocida...
¿Y eso que acabás de sacar de tu bolsillo?
Es una estampita de San Batato..."
.