Volvió la noche cargada de ateridas estrellas, algunas se manifestaron bellas a través de la ventana. El viejo las
bebió de a poco para dormir con ellas, vencido de angustias
y esperanzas viejas, para muchas de las cuales ya no había esperanza. Si acaso algo quedaba de ellas, era resignación. Viviría por capricho, por costumbre, por nostalgia, por si acaso; porque no estuvo en él la decisión de que lo hiciera, tampoco estaba la de dejar de hacerlo. Si era su destino, lo cumpliría como una orden, a pesar de todo. Pero exagero, no todo pesaba. Incluso había cosas que ayudaban con las cargas;
ya he nombrado casi todas. Pero si he omitido alguna, perdóneseme la falta.